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El hombre GAMMARELLI
Preocupado por lo bello y enamorado del trabajo bien hecho, el Hombre Gammarelli sabe adónde va. Elegante, no tanto por coquetería sino por gusto, anda con destreza en la cuerda del estilo. Además de ser equilibrista, se aleja de los artificios del hombre vil vestido de domingo y del conformismo triste de la gente vacía y con cara de tristeza.
A diferencia de lo vulgar que busca la elegancia por sí misma, el Hombre Gammarelli convirtió el estilo en un estado de hecho. Nada de torpezas ni tampoco originalidades sacadas de contexto. Al igual que un juez sensato y rápido, reconoce fácilmente a sus compañeros y desenmascara a los impostores, cuyo aspecto artificial sólo engaña a los que proceden de la misma especie.
Ameno y culto, hombre del mundo y curioso, se siente a gusto en todos los círculos. Es capaz de reírse de buena gana con su afilador y en el mismo día encantar al mundo con su espíritu cáustico.
Avido de agudezas, que no vacila en usar, se puede burlar fácilmente de sí mismo y de los demás.
Refinado, tiene el tacto de la gente bien educada que sabe agradecer a los demás y valorar como se debe el empeño que ponen los demás en parecerle agradables.
Impertinente sin frivolidad y decente sin pudor, tiene un humor constante y siempre logra controlarse.
Entrañable pero indiferente, se muestra filósofo frente a la adversidad y fácilmente noble. Sabe reconocer los detalles sin importancia para no perder tiempo. Generoso sin ostentación y servicial con delicadeza, sabe ayudar sin obligar.
Es un hombre honesto y lleva calcetines Gammarelli
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